martes, 16 de febrero de 2016

CIUDAD BOLIVAR Y SOLEDAD


Ciudad Bolívar y Soledad, de por medio el Orinoco como eje, conforman la Angostura del Orinoco y un valor de conjunto determinado por la relación existente entre clima y cultura que debe tomarse en cuenta como base para una orientación de conducta en el sitio.

         Antonio Violich, como otros arquitectos y artistas que defienden la permanencia y conservación del casco urbano bolivarense y se oponen a construcciones de alto contraste y fuera de contexto como el edificio del arquitecto Oscar Tenreiro para un Teatro, considera que se ha fallado en cuanto a  la valoración de conjunto y que carecemos en este momento de una visión global del entorno geográfico de Angostura.
Esa delimitación del perímetro que se ha hecho para englobar lo que es la geografía angostureña con vista a su protección, conservación y revitalización social, es simple y carece científica y metodológicamente de una visión más profunda del problema.
         Por ejemplo, se han olvidado los principios bioclimaticos en la reconstrucción del casco histórico.  El rompimiento de los modernistas esteticista con el pasado es tal que se pasan por alto algo tan históricamente elemental como los principios bioclimaticos que en la edificación de la Angostura del Orinoco tomaron en cuenta tantos fundadores como  habitantes. Topografía, temperatura, humedad, vientos, insolación, precipitación y recursos a mano disponibles determinaron el tipo de la edificación, ya para viviendas, instituciones públicas o comercio.
         Con una temperatura que promedia los 28 grados centígrados no sé podían construir viviendas como las de países de clima frío sino esas casas altas de azoteas, de grandes puertas y ventanales, techos de teja, patios frondosos y material refractario que caracterizan la arquitectura angostureña y que por ignorancia de los gobiernos tanto regionales como locales han querido desmontar.  Toda una tecnología, si bien con influencia extraña predominantemente de forma y estilo, perfectamente adaptada e identificada con el clima, los recursos y posibilidades del medio.
         Son realidades que en el proceso de revitalización del casco urbano se ignoran o quieren suplantarse radicalmente: la temperatura con el aire acondicionado mecánico, la madera con las vigas de hierro doble T, el barro con cemento y la teja con la arcilla industrial y el manto asfáltico.
 La Angostura del Orinoco abarca aproximadamente 20 kilómetros cuadrados y conforma una geografía que comprende el Río Orinoco, sus correspondientes lagunas marginales o embalses, los accidentes topográficos de cerro y rocas adyacentes y el sitio de asentamiento de los cascos urbanos originales de Ciudad Bolívar y Soledad. 
         En una ponencia titulada "Clima y Cultura en la Angostura del Orinoco" presentada por el arquitecto Antonio Violich en un Taller patrocinado por la Facultad de Ingeniería de la UCV,  sobre criterios y técnicas de acondicionamiento climático en las edificaciones del trópico,  se entiende este  ámbito  como el escenario central de una obra que vincula al hombre con su ambiente.  Ambito natural de grandes masas de agua y aire que se aceleran al pasar entre y por encima de su roca y que son a la postre una fuerza cuantificable y aprovechable.
         Violich en su ponencia hace la explicación siguiente: La Angostura se encuentra en la Zona Neotropical con una clasificación tropical desértico que arroja promedios anuales de temperatura de 27,7§, humedad relativa de 75%, viento de este - norte de 9.1 km./hora, insolación de 8 horas día y precipitación de 983 cm/año.
         Esto conforma un microclima local variable toda vez que depende de la accidentada interrelación entre brisa, topografía y río. Este microclima es influenciado por la sobre posición de los vientos con un tramo de río y lagunas de 40 Km alimentando el sitio con un "túnel de viento cargado de humedad" que, cuando bien aprovechado, ayuda a nivelar los extremos del ciclo climático de las 24 horas donde de noche la humedad, temperatura y viento registran 95%, 22° y 1 km./hr, respectivamente y en el día invierte esta situación con cifras de 44%, 32° y 18 Km./hora respectivamente.  Sin embargo, las velocidades y direcciones puntuales del viento producidas por los cerros, rocas, construcciones y vegetación conducen a cambios específicos de calidad y confort ambiental urbano, de complejo y sutil aprovechamiento.
         La pregunta que nos hacemos es si la Oficina Técnica del Centro Histórico a la hora de planificar nuevas construcciones y adecuar antiguas edificaciones a necesidades institucionales actuales, toma en cuenta estas realidades climatológicas que tenían claras los constructores, ingenieros  y alarifes de la época pre-modernista  como puede apreciarse en la Casa de las Doce Ventanas y en la llamada Casa Wantzelius.  Creemos que no, al juzgar por la restauración y adaptación que se hizo del Capitolio para una Escuela de Artes Escénicas, la ampliación (“popa de barco” le dicen residentes de la calle Boyacá) del inmueble donde funciona la Dirección de obras Publicas, el edificio en construcción destinado a la Escuela Zea y los proyectos en discusión desautorizados por Ingeniería Municipal y la Junta Nacional del Patrimonio Histórico para un Teatro recostado del Capitolio y  un Teatrino adosado a la Casa Lauro.
         Esto ultimo que hemos citado conforma toda una problemática en el proceso de revitalización del casco angostureño y evidencia a todas luces, como dice el arquitecto Violich en su ponencia, carencia  de visión del entorno geográfico de Angostura, falta de una reglamentación y aplicación de principios bioclimaticos en la reconstrucción del Casco Histórico de Ciudad Bolívar, desconocimiento general del comportamiento térmico del conjunto de materiales de construcción, pasado y presente, utilizado en las obras de construcción, dependencia de sistemas mecánicos activos para la climatización de Aire interior con sus consecuencias y problemas de mantenimiento, costo y desarraigo cultural en el sitio, no-aprovechamiento de condiciones climáticas locales donde el frío y humedad de la noche son posibles captar para reducir el calor del día. Otro factor importantísimo ignorado en el estudio y praxis de la reconstrucción del Casco urbano angostureño es lo que el arquitecto Violich denomina "Plan Centurión", un plan que debería ser analizado como documento rector en el desarrollo regional y urbano del sitio.
         Todos sabemos que Santo Tomás de Guayana, hoy Ciudad Bolívar, fundada en 1595 como colonia española en el Delta del Orinoco, a fin de controlar el acceso a las fabulosas riquezas de El Dorado, fue mudada aguas arriba hasta su situación actual en la angostura del Orinoco en 1764 donde fungió como la última línea de defensa  de los españoles contra la piratería internacional.
         Para tal propósito y a fin de consolidar una población  que "viviera, sintiera, pensara y hablara en español", España, después de Joaquín Moreno de Mendoza que apenas estuvo 24 meses, envió por un lapso más prolongado (10 años) a Don Manuel Centurión Guerrero de Torres,  matemático y militar, egresado de la Real Academia, de reconocida capacidad profesional y con basta experiencia como Jefe de Artillería de Caracas y Jefe de Obras Militares y Civiles en Puerto Cabello.
         Centurión echó las bases de la ordenación urbana y ambiental de Angostura y dentro del mismo plan o esquema continuaron los gobernantes sucesores hasta que luego de la Guerra de independencia la ciudad se desarrolló como un importante centro de comercio internacional, gracias a su situación estratégica, cuya realidad natural y cosmopolita evolucionó en una compleja estructura social.
         Explica Violich que para esta época, Juan Bautista Dalla - Costa introdujo códigos comerciales y ordenanzas urbanas que abrieron la ciudad en forma cívica hacia el mundo a través de malecones y galerías.  Sin embargo, los cambios ocurridos en los patrones del comercio internacional en la primera mitad del siglo, así como el desarrollo de la industria petrolera venezolana, ocasionaron un deterioro en la estructura socio - económica de Ciudad Bolívar, la cual fue quedando al margen del desarrollo y del progreso económico.  El avanzado deterioro de su casco central, abandonado por los descendientes de la oligarquía que dominó durante los siglos 18 y 19 es desde hace siete años (1986) objeto de un Programa de Revitalización de incentivo regional consolidado con aportes nacional e internacional.  De hecho en la Angostura la arquitectura responde al clima de forma tan variada como ha sido la cultura de sus pobladores: el indígena en transparencia con la naturaleza, el español con el peso de las inercias térmicas, el europeo con la ventilación del calor tropical, y la cultura moderna alejándose de la climatización pasiva, empeñada en bajar temperatura y humedad mediante la comprensión mecánica activa.
La Angostura incluye  a ambas riberas del Orinoco partes de los estados Bolívar y Anzoátegui y sus respectivas poblaciones de los viejos Cascos Urbanos de Ciudad Bolívar y Soledad.  Pero sólo el casco histórico de Ciudad Bolívar está  amparado por la Ley de Protección y Conservación de Antigüedades y Obras Artísticas de la Nación (1945) y por una Ordenanza municipal especial (1986) en la cual se apoya un convenio interinstitucional, incluyendo entidades gubernamentales regionales y nacionales y el Gobierno español.  Mindur ha elaborado un Plan Rector de Ciudad Bolívar clasificando el casco histórico dentro de un Plan Especial que conlleva a la revisión de la Ordenanza existente.  Estas reglamentaciones, según Violich, no contemplan en forma directa el desarrollo y aplicación de Normas Térmicas en cuanto a su relación específica con el valor patrimonial en cuestión.
         Actualmente se ejecutan distintos tipos de obras de reconstrucción incluyendo principalmente usos institucionales como  áreas verdes y edificaciones culturales, administrativas, educativas y en menor proporción habitacionales.  El sector privado resiste las ordenanzas por cuanto afecta a un desarrollo urbano acostumbrado  a la densificación y especulación de la tierra.  En ambos sectores,  público y privado, son aislados los casos de  construcciones que toman el clima en cuenta como expresión arquitectónica.  Tanto la forma en cuanto a volumetría y orientación como el uso de materiales niegan el potencial de técnicas de acondicionamiento bioclimático.  


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