martes, 23 de febrero de 2016

LA PLAZA MAYOR DE CIUDAD BOLÍVAR


         Plaza Mayor, Plaza Principal o de la Iglesia, Plaza de Angostura y finalmente Plaza Bolívar. Durante un tiempo fue llamada también Plaza del Martirio en alusión al fusilamiento del republicano General en Jefe Manuel Piar y otros revolucionarios.

         En mayo de 1764 cuando Joaquín Moreno de Mendoza cumplió el mandato del  Rey Carlos III de mudar la capital de la provincia de Guayana a la parte más angosta del  Orinoco, fue conforme al Título Real del 4 de junio de 1762 ampliado con las instrucciones del día siguiente, suscritos ambos en Aranjuez. No hubo un plano previo de fundación. El plano- proyecto de lo que debía ser la ciudad lo realizó en el propio sitio y por orden expresa del Gobernador Moreno de Mendoza, el cosmógrafo José Monroy que se hallaba en Guayana desde la Expedición de Límites.
         El plano de Monroy es el primero de la ciudad, pero en la práctica sufrió modificaciones  importantes como el de la ubicación del Fuerte San  Gabriel, Plaza Mayor y la Iglesia.
         La Iglesia había sido ubicada en el plano al Norte de la Plaza Mayor y sobre área completamente independiente aunque colindantes. Posteriormente el espacio de la Iglesia fue ocupado para inmuebles, entre ellos, el Palacio diocesano y pasó la Iglesia transformada luego en Catedral a compartir por la parte Este el espacio de la Plaza Mayor.
         El acta levantada por Soublette y José Ignacio Pulido sobre la ejecución de la sentencia de Piar, 16 de octubre de 1817, la identifíca como “Plaza Angostura”. Así se llamaba entonces y la descripción que hace el legionario inglés John Roberto, alistado como médico cirujano en el ejército Libertador, dice. “El piso de las calles está empedrado con pedazos de roca y piedra caliza, y caminar por él es molestoso y hasta doloroso. En la parte occidental, frente a la Casa del Congreso o Palacio, como también se le llama, la calle está cubierta de ladrillos rojos y se ha convertido en un atractivo paseo. El edificio mencionado del Congreso es de blancura perfecta, con excepción del techo, Con su arte central alto entre las dos alas, con sus ventanas cubiertas de celosías pintadas de verde, y su guardia permanente de soldados, se destaca por su limpieza y distinción. Una iglesia al Este (la Catedral), una capilla al Norte (Casa del Obispo), y una hilera de casas hacia el Sur, configuran una plaza de tamaño considerable en la cual este edificio (el del Congreso de Angostura) ocupa toda la parte occidental; desafortunadamente el centro (de la plaza) está lleno de escombros y piedras, que deslucen el conjunto descrito. La Iglesia es de pobre apariencia y parece más bien una prisión que un sitio de recogimiento religioso. Aquí se presta muy poca atención a los domingos. Existen dos o tres buenas tiendas en la ciudad, donde se venden alimentos secos, té, café, etc. Las casas de los pobres forman los suburbios. Las barracas están situadas en la extremidad oriental, constituyendo una larga extensión de tolerable apariencia. El hospital está en las afueras de la ciudad, a  tres cuartos de millas, en un sitio grande coronado de torrecillas (convento de San Francisco)”.
         Otra descripción de Angostura para 1818 la hace Eric Lambert en su libro “Voluntarios Británicos e Irlandeses en la Gesta Bolivariana” apegado a los relatos de los legionarios ingleses William Jakson Adam en “Journal of a Voyage to Margarita”. Gustavo Hippisley en “Narrative of an Expedition to the River Orinoco”, J. H. Robinson en “Journal of an Expedition 1.400 miles up the Orinoco” y Richard Longueville Vowell en “Campaigns and Cruises”.
         He aquí la descripción en la página 124: “El 13 de septiembre Bolívar entró en Angostura y declaró la ciudad capital civil y militar. Como capital de la nueva república no era gran cosa, pero habría de adquirir gran importancia en estos inicios de la lucha.
         “Tenía entonces una población de 5.000 almas, que había sido mayor antes del sitio. De forma triangular, Angostura se levantaba en la vertiente de una colina coronada por un fuerte (Almacén de Pólvora). La base del triángulo, que era la calle mayor, seguía la margen del río por encima de la marca de aguas altas. Cerca del vértice se hallaba la plaza, de una hectárea aproximadamente, de la cual partían siete calles colina abajo, cruzada por siete avenidas paralelas, que terminaban cerca de la ribera.
         “En la cumbre del cerro había un pequeño fuerte (Almacén de Pólvora), debajo del cual se veía un pintoresco convento (Convento de San Francisco en la Plaza Centurión) que se había convertido en hospital. La plaza empedrada estaba flaqueda en su lado más alto por la Casa de la Guardia, prisiones y cuarteles militares, mientras que la Casa de Gobierno dominaba el lado más bajo. Entre las otras edificaciones estaba el Palacio Episcopal, una capilla y la vicaría, la Magistratura, algunas oficinas y tres casas particulares.
          “Más allá del río estaban la Aduana y la Alameda, paseo que tomaba su nombre de algunos hermosos álamos viejos, y unas cuantas mansiones propiedad de acaudalados funcionarios y comerciantes, que pronto fueron ocupados por el Almirante y el Jefe de Estado Mayor. El Gobernador patriota se instaló en el Palacio Episcopal y Bolívar se mudó a la Casa de Gobierno.
         “Bordeando la calle mayor había algunas casas de piedra, unas tiendas y una taberna con billar y mesas de juego, donde la cerveza oscura tenía fama de excelente, pero donde el melindroso de Hippisley encontró el madera “pasadero”. En el extremo oeste de la ciudad estaban las casas de los pobres, hechas casi todas de bahareque”.
         En 1820, Juan Bautista Dalla Costa (padre) desde la Municipalidad y con las facultades amplias que tenía entonces el Procurador emprendió importantes obras de urbanismo que comenzaron  a darle fisonomía de gran ciudad a la capital de la provincia.
         Dalla Costa atendió preferentemente el empedrado de las calles, el aseo y ornato de la población, la arquitectura civil, el censo de la ciudad, la fundación de escuelas, el alumbrado público, las franquicias al comercio, la creación del mercado público, la limpieza y apertura de caminos, el problema de embarque de reses hembras para el extranjero y el de la navegación por el Orinoco. Sin embargo, muy poco o nada se hizo por la Plaza, tal vez porque el sitio socialmente neurálgico era la Alameda y la Plaza del Mercado.
         Para 1832, tiempos del Gobernador Pedro Volasteros, la Plaza principal de Angostura aún se veía llena de piedra y monte llegando y amaneciendo allí el ganado de los alrededores, según se desprende de una carta de Monseñor Mariano Talavera y Garcés, quien se había propuesto de una vez por todas concluir los trabajos de construcción de la Catedral.
         La dicha carta decía: “Esta capital sólo tiene un templo principiado de magnífica arquitectura y regular capacidad, faltándole únicamente el techo y alguna pequeña obra en su sacristía. Más de 40 años han transcurrido después de su fundación bajo el gobierno de Centurión, y ni los impulsos religiosos, ni los de un pueblo civilizado, han prestado hasta ahora movimiento al ánimo para perfeccionarle en obsequio del Altísimo. Bajo un caney de azotea se adora al Creador, y las oraciones dulces y fervorosas escasean, y se oprimen por su calurosa y estrecha capacidad. Una plaza mal situada existe al lado de estas fábricas, en su primitivo estado, llena de peñascos, basura y montes, pastando allí las bestias”. .
         Para 1867 cuando el explorador, Francisco Michelena y Rojas, se detuvo en ella le llamó la atención que de esa colina las calles descendieran al río de Sur a Norte y que en su vértice se  encontrara la Plaza. “La Plaza principal rodeada de regulares edificios, entre ellos la Iglesia catedral, aseada y de buen gusto, y el colegio nacional, que además de llenar satisfactoriamente las necesidades de la escasa población, tiene el mérito de haber servido para la instalación del segundo congreso de Venezuela, en circunstancias que casi todo el país se hallaba ocupado por los Españoles, el que tuvo lugar el 15 de febrero de 1819, 9 años después de hecha la declaración de la independencia. Allí fue también donde los representantes de Venezuela y N. Granada, crearon y oficialmente anunciaron al mundo la existencia política de Colombia”.
         “Plaza Bolívar” se denomina desde el 16 de junio de 1864 por decisión de la Asamblea Constituyente del  Estado Soberano de Guayana que decretó levantar en su centro una estatua ecuestre de bronce del Libertador Simón Bolívar, pero en vez de ecuestre se hizo pedestre y fue inaugurada en 1869.
         Al efecto, el Presidente del  Estado  Soberano de Guayana, Juan Bautista Dalla Costa  Soublette, nombró una comisión el 28 de octubre de 1867 integrada por el General en jefe Simón Briceño, doctor J.G.B. Siegert, José Lezama, Tomás Machado, Hilarión Gambús y Andrés Jesús Montes, con la idea de levantar una estatua al  Libertador en dicha plaza para lo cual debían arbitrar los medios necesarios. “Esta Comisión- decía el decreto- obrará sin ninguna limitación al intento de cuantos esfuerzos crea conducentes al cumplimiento de ese propósito, sin que ninguna autoridad o corporación tenga ingerencia en sus deliberaciones o acuerdos”.
         Dicha Comisión se instaló el 31 de octubre de ese año y designó presidente al general Simón Briceño; Tesorero, José Lezama y Secretario, Hilarión Gambús.
         Andrés de Jesús Montes, miembro de la Comisión era el Cónsul de Chile en  Ciudad  Bolívar y a través de él se solicitó la información sobre una presunta estatua del Libertador en ese país  del cono sur a objeto de utilizar el mismo molde que al parecer se hallaba en la Capital del  Reino de Baviera. Esta información la había obtenido directamente el propio Dalla Costa del Jefe de la Real Fundición y quien le comunicó además que para fundir una nueva estatua por ese modelo se requería previamente una orden formal y escrita del Gobierno Supremo de la República de Chile.
         El 25 de noviembre, la Comisión autorizó al Presidente del Estado para solicitar datos sobre el costo relativo a un pedestal de mármol o de granito en el exterior. Se consultó a varios países, entre ellos, Italia, Nueva York y finalmente Francia. El Pedestal  terminó contratándose en Paris y fue ejecutado por Eugene Thirión.
         El 26 de febrero de 1868, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile respondió en nota oficial fechada en Santiago  el 2 de enero en la que aclara que “no tenemos en Munich ningún modelo de la Estatua de Bolívar. Acaso sea del  Perú, a cuyo Gobierno podrá dirigirse el Presidente de ese Estado para obtener autorización de fundir un nuevo ejemplar de la misma estatua”.
         Por decreto del 12 de febrero de 1825, efectivamente, el Congreso peruano acordó levantar una Estatua a Bolívar, pero ella era ecuestre. Realizada en bronce por el escultor Toledini, había sido inaugurada en Lima el 9 de diciembre de 1859. El  único país que había erigido una estatua pedestre al Libertador era la  República de Colombia. La estatua de bronce y pedestal de mármol con bajos relieves en la Plaza Bolívar de Bogotá, obra del escultor Pedro Tenerani, fue donada por José Ignacio Paris.
         También existía desde el 28 de octubre de 1851 un busto de mármol del mismo escultor italiano Tenerani en la Capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas, trasladado en 1876 al Panteón Nacional y el cual había acordado el  Congreso de Venezuela el 30 de abril de 1842.
         Asimismo existía desde 1867 una estatua pedestre de mármol en la Plaza principal de Maracaibo, decretada por el Presidente del Estado Zulia, general Jorge Sutherland. Esta estatua se desmontó en 1872 por presentar ciertos defectos irreparables.
         De manera, que  la Comisión terminó decidiéndose por la estatua de Bolívar en Bogotá. Se hicieron los trámites necesarios y se utilizó el mismo molde donde fue fundida la obra de Pedro Tenerani. El 28 de octubre de 1869, día se San  Simón y en ceremonia espléndida, se inauguró la estatua del Libertador sobre el pedestal de mármol realizado en París por Eugene Thirion. La estatua que representa al Libertador en su dual condición de estadista y guerrero, con una espada en la mano derecha y la Constitución en la otra, fue develada por el Presidente Juan Bautista Dalla Costa hijo y el discurso de orden estuvo a cargo del gramático Ramón Isidro Montes. También hablaron en el memorable acto los doctores Francisco Padrón y Simón Barceló; el Pbro. Carlos Machado, el general José Gabriel Ochoa y don Serapio Machado.   El plano de  la Plaza fue levantado por el educador guayanés Regulo Machado, hermano de Tomás Machado, quien junto con el General José Simón Briceño, doctor J.G.B. Siegert, José Lezama, Hilarión  Gambús y Andrés Jesús Montes, formó parte de la Junta designada por el Gobernador Juan Bautista Dalla Costa hijo para llevar a feliz término la obra, a través de una gran colecta pública que se tradujo en 11.495,43 pesos captados en el  Departamento Heres; Departamento Yuruary, 545,03; Upata, 434,25; Alto Orinoco, 71,50 para un gran total de 12.246,21 pesos.
         Detrás de la estatua del Libertador y al frente de un templete donde se situaba dominicalmente la Banda del  Estado para dar conciertos, se colocó posteriormente una escultura simbólica de la República de Venezuela; al noreste, otra representativa de Bolivia; al Noroeste, la de Nueva Granada;. Sureste, Perú y Suroeste, Ecuador. Estas esculturas alegóricas construidas en piedra de arco, fueron costeadas  por el general Raimundo Fonseca y Juan María Maninat.        En el Coloquio con miras al Bicentenario del Natalicio del Libertador, realizado el 28 de mayo de 1978, por iniciativa del Comité de Defensa de la ciudad, bajo los auspicios de la Asamblea Legislativa y en el cual participaron expertos representantes de países caribeños, se examinaron  experiencias de restauración en Santo Domingo, Puerto Rico y Sur de los Estados Unidos y se determinó que el Casco Urbano de Ciudad Bolívar en virtud de su valor histórico debía ser rescatado del estado de deterioro progresivo en que se hallaba, siendo esto el mejor homenaje que se le podía hacer al Libertador. A tal efecto, el Coloquio concluyó con seis Acuerdos: 1. Trabajar en el rescate de los valores culturales del casco urbano con miras al Bicentenario del Natalicio del Libertador; 2. Participación de la ciudadanía; 3. Recomendaciones con respecto al mejoramiento físico y ambiental, directrices, visuales, lineamientos, volumetría, iluminación, señalización, arborización, textura, tráfico, relaciones entre la vieja y la nueva ciudad, bienes culturales; 4. Determinada la similitud arquitectónica del casco de la ciudad con la del Caribe, se recomendó investigar la influencia de qué países europeos; 5. Plan de rescate; 6. Recomendar la erección de una estatua en la Plaza Bolívar en representación de Panamá.
         “La Plaza del Martirio” solían llamarla los angostureños tradicionales no sólo porque allí el  General Manuel  Piar fue pasado por las armas en la tarde del 16 de octubre de 1817, sino también por el fusilamiento en la misma de los militares Anizeto Maldonado y Félix Figuera, el 9 de agosto de 1824, por disposición del gobernador de la provincia de Guayana, coronel José Manuel Olivares (1823-1828), contra el cual urdieron una conspiración. Allí también fueron  fusilados antiguos hombres de la caballería de  Piar, coronel Remigio Femayor, teniente Nicolás Quiroga y los sargentos José Francisco Vargas y Justo Prieto, los días 5 y 6 de agosto de 1831 en plena festividad de Nuestra  Señora de las Nieves, patrona de la ciudad. Por orden del comandante de armas general Pedro Hernández, fueron presos y fusilados sin fórmula de juicio y no obstante la amnistía general otorgada por el Presidente de la República José Antonio Páez a todos los monaguistas sublevados contra la separación de Venezuela de la Gran Colombia.
         Para entonces la Plaza Angostura, llamada también Plaza de la Iglesia, era toda una cuadra empedrada, pocos árboles, limitada por las fachadas de los inmuebles construidos a su alrededor. Es a partir de su conversión en Plaza Bolívar (1869) cuando se le da la conformación de hoy, cercada con rejas y portones, pero un poco más grande, continua con el lado occidental de la Catedral y separada de la fachada de los inmuebles por tres estrechas calles a través de las cuales podían transitar los rudimentarios medios de transporte de la época: carros tirados por bestias.
         La Plaza, totalmente cercada con barandas de hierro forjado y tres anchas y pesadas puertas, tenía postes y faroles, 16 bancos de madera y hierro y tres piletas de cuyo centro emergían esculturas de hechura romana con hilos de agua. El piso fue embaldosado en 1900 por decreto del Presidente del Estado, general Lorenzo Guevara. Las baldosas  traídas de Las Antillas y las adyacentes a la peana de la estatua del  Libertador estaban  divididas en tres franjas y cada una de ellas correspondía a uno de los colores de la bandera nacional.
         En tiempos del General Eleazar López Contreras y siendo el  Dr. Ovidio Pérez Agreda, Presidente del  Estado, dispuso reducir el perímetro de la Plaza  Bolívar a objeto de facilitar el tránsito de automóviles por la calle Bolívar que resultaba estrecha. Se le asignó el trabajo a la Herrería de Giuseppe Abatti, ubicada en la avenida El Porvenir frente a La Laguna, y quien tomó las previsiones para mantener los portones, pero una violenta decisión del Presidente del Estado culmino con su eliminación definitiva por estimar que las plazas públicas debían permanecer abierta, sin horario, para el disfrute pleno de la ciudadanía. Los portones permanecían desde entonces bajo custodia en el fondo de la casa de José Abatti Bureli, hijo del herrero Giuseppe Abatti.
         Hasta entonces y desde mediados del siglo pasado se acostumbraba  abrir y cerrar la Plaza Bolívar de seis de la mañana a seis de la tarde por cuestión de seguridad y para evitar las deyecciones de las bestias del transporte de tracción así como la incursión de animales realengos en los jardines de la plaza.
Bajo la administración del Gobernador ingeniero Jesús Sanoja Valladares y con motivo del bicentenario del traslado de Santo Tomás de la Guayana a la angostura del Orinoco (1964), se sustituyó el pavimento embaldosado de 1900 por un piso total de granito pulido.

         Luego, durante las administraciones de los doctores Alberto Palazzi (1979-82) y Alcides Sánchez Negrón (1982-83) y con motivo del bicentenario del natalicio del  Libertador, la Plaza  Bolívar fue objeto de otra intervención, la tercera y la cual modificó bajo protesta de los vecinos, además del pavimento, los elementos del entorno a la estatua pedestre del Libertador, bajo la justificación de hacerla más funcional.     Los trabajos al costo de tres millones de bolívares estuvieron a cargo de la contratista “Gobesfra”, la misma que construyó ese adefesio o parche del Casco Histórico, llamado “Boulevard Bolívar”. El piso de granito pulido fue sustituido por bomanite liso y bomacrón tratando de sugerir la realidad del pasado y los alrededores cubiertos con laja verde extraída de las lejanas canteras del Miamo y piedras de cuarzo de la Gran Sabana. La nueva pavimentación afectó asimismo algunas zonas verdes, eliminó las tres Fuentes, reubicó y elevó la escultura de mármol que simboliza a Venezuela, reubicó los postes- faroles próximo a la peana  de la estatua, los bosquecillos sustituidos por yerba rala y los tradicionales bancos boulevarderos por otros más grandes y semicirculares, fuera de contexto.   

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