miércoles, 17 de febrero de 2016

LA CIUDAD DE MATIAS ALFARO


Una matrona octogenaria, nacida en Ciudad Bolívar en noviembre de 1920, cuenta la historia de su bisabuelo, el prócer de la Guerra Federal, General Matías Alfaro, quien tuvo activa vida política - militar en Guayana y participó en el derrocamiento del Presidente del Estado,  médico, político y escritor Antonio Parejo.

         El General Matías Alfaro, según nos contó la matrona octogenaria Luisa  Carlota Santodomingo, nació en Píritu de Barcelona en 1826 y murió en ciudad Bolívar el 29 de octubre de 1901, siendo jefe de las milicias. Comenzó guerreando en el bando federalista en 1859 con 300 llaneros de sus fincas pecuarias y las de otros vecinos.  Fomentó acciones guerrilleras en Oriente y tuvo actuación efectiva en los combates de Píritu y Barcelona.
El 8 de septiembre de 1862 fue sometido por las fuerzas del gobierno  en la parroquia de San Lorenzo tras la derrota en el combate de Chaguaramas.  El Segundo Jefe del ejército centralista, el General José María Zamora, lo llevó preso a La Guaira y allá se lo presentó al Presidente José Antonio Páez. Fue entonces cuando el General Matías Alfaro conoció al viejo caudillo de los llanos. Pocos meses después triunfaría la Federación.
El Gobierno Federal lo ascendió a General en Jefe en 1864 y combatió la Revolución de los Azules liderada por el general José Tadeo Monagas, mientras tanto Antonio Guzmán Blanco preparaba la vuelta al Poder mediante la llamada Revolución de Abril en la cual tomó parte activa el General Alfaro, pero poco después entró en contradicción con Guzmán Blanco al lado del General José Ignacio Pulido en el Oriente del país.  Sometido, es recluido en la Rotunda de Caracas y expropiado de sus bienes.  El ascenso de  Francisco Linares Alcántara a la Presidencia de la República lo favorece, pues le es conmutada la prisión por confinamiento en Ciudad Bolívar, donde se dedica de nuevo a la cría de ganado.  Mantiene su oposición a Guzmán Blanco y esta se  fortalece cuando en 1878 llega el General José Pío Rebollo a la Guarnición de Ciudad Bolívar.
En 1880, el médico, escritor y político caraqueño Antonio Parejo, quien había sido diputado por Guayana y Ministro de Crédito Público, es nombrado Presidente del Estado Bolívar y Jefe de la Guarnición  el General Manuel Castrillo Cortez contra quienes se subleva el General José Pío Rebollo el 20 de enero de 1880, respaldado por la milicia que comandaba el General Matías Alfaro, mientras se celebraba un baile suntuoso en la Casa de las Doce Ventanas.  Virtualmente la sublevación era contra la vuelta al Poder por segunda vez del General Guzmán Blanco.
El General zuliano Venancio Pulgar, miembro del Consejo de Gobierno de Guzmán Blanco, es enviado a sofocar la sublevación en Guayana.  Somete al General José Pío Rebollo y el 15 de marzo de 1880 se le condena a la pérdida de sus títulos y grados militares, más 10 años de presidio en el Castillo de San Carlos.
Matías Alfaro, quien había pasado a controlar el interior de Guayana es derrotado  y capturado mientras 14 oficiales de su estado mayor emprendieron la fuga hacia la frontera con la Guayana inglesa a donde llegaron tras cincuenta días de hambre y penuria por los intrincados caminos de la selva, viéndose forzados a sacrificar a uno de ellos para no perecer de hambre.
José Pío Rebollo fue indultado seis años después por Guzmán Blanco y mucho antes el General Matías Alfaro, quien comenzó a normalizar su vida desde su casa de habitación en el Paseo San Antonio, cerca del Convento, donde hizo familia con su esposa Dolores y sus hijos homólogos Dolorita y Matías.  Una casa, según explica Luisa Carlota, con pisos de madera y techos de teja, rodeada por grandes corredores, muchas palmeras, flores de malabar, rosas y jazmines. La casona disponía de salones con muebles de la época, piano de cola y retratos de familia.
Cuando Dolorita cumplió los quince hubo una gran fiesta en la que el General Alfaro botó la casa por la ventana y dolorita encontró su primer y único amor,  un oficial con el grado de coronel llamado Emilio Antonio Santodomingo, descendiente de hispanos, quien llegó a Ciudad Bolívar enviado desde Caracas donde inicio su carrera militar.  Con la niña quinceañera terminó casándose tras un romance diario e intenso que coronó con  el advenimiento de dos varones (Emilio Manuel y Matías César) y tres hembras (Catalina, Nieves y Teresa).
El 29 de octubre de 1901, a la edad de 75 años y siendo Jefe de las Milicias de Ciudad Bolívar y Presidente local del Partido Liberal, falleció el general Matías Alfaro, quien cinco meses antes había participado en la Junta pro inauguración de la estatua al General Juan Crisóstomo Falcón en el hoy Paseo Orinoco..  El Obispo Monseñor Antonio María Duran ofició las exequias encabezada por el Presidente del Estado General Julio Sarría Hurtado.
La familia Santodomingo Alfaro era asidua concurrente a los espectáculos del Teatro Bolívar hasta octubre de 1904 que el general Emilio Antonio se enamoró pedidamente de una bailarina de la Petit Troupe de Armando Lamuela.  Sin poderlo soportar, su esposa Dolorita  se echó a morir de tristeza.
Sin embargo, tuvo fuerzas para celebrar los quince años de Catalina, quien también en un baile de cuadrilla encontró como otrora su madre, un afortunado  pretendiente, Ventura Reyes, hijo de Etanislao Reyes, un General godo rechazado por su padre.
El general Santodomingo se vio obligado a olvidarse de la bailarina; de todas maneras, su esposa Dolorita había quedado herida de muerte y falleció al negarse a ingerir alimentos.
Poco después el General fue llamado a Caracas y aceptó ser Presidente del Estado Monagas, lo que lo obligó a buscar pareja en la señorita Belén Méndez, dama muy bonita, rubia y de ojos azules.
La joven Catalina aprovechó la coyuntura para imponer su noviazgo con Ventura Reyes, al que repetida y duramente se oponía su padre.  Al fin no le quedó otra alternativa que aceptarlo en matrimonio.  La joven pareja se fue a vivir a Las Galias, una casa grande, bonita y solitaria, fabricada sobre una inmensa laja en el casco urbano de Ciudad Bolívar.  Allí nacieron nueve hijos, incluyendo a la bordona Luisa Carlota, la que a la edad de 85 años encontramos en la Posada Turística Salto Ángel y no vaciló en contarnos su historia.
Los padrinos de Luisa Carlota eran Memela y su esposo Eduardo Boccardo, quien iba a su negocio en un carro Ford tablita conducido por Ovidio Reyes Santodomingo,  hermano de Luisa Carlota.  Antes, Ovidio,  a cambio de ser aceptado como alumno oyente servía al doctor Miguel Emilio Palacio conduciéndolo en carreta, por invidente,  a dar clase en la Escuela Federal de Varones.  Miguel Emilio Palacio fue el fundador de la Escuela de Minas en el Yuruari.
Ventura Reyes se lo pasaba en el interior de Guayana ocupado en el negocio del oro y la sarrapia.  Encargado de toda la familia quedaba en Ciudad Bolívar su segundo hijo Antonio, muy estricto y severo.  Antonio era secretario de la Jefatura Civil a cargo del coronel Morillo, locamente enamorado de Catilinita, menor de 14 años hermana de Antonio.  La familia se escandalizó cuando la pidió en matrimonio, de todas maneras  terminó en boda con la chiquilla antes de ser cambiado a la Jefatura Civil de Barcelona.
La otra niña casadera era María que terminó en noviazgo y matrimonio rápido con el joven barquisimetano Julio Serradas Martínez.  Quedaban niños todavía Rafael y Luisa Carlota, quienes durante las vacaciones iban a las islas a comer zapoara y patilla o a bañarse en Agua Salada donde la niña pescó la malaria  Aprender las primeras letras les costó pues su maestra costurea Margarita por cada falta los ponía a ensartar cien agujas y clavarlas luego en una almohadilla.  Cuando Luisa Carlota aprendió a leer y escribir pudo ingresar al Colegio Santa Teresita de Jesús para lo cual la familia debió mudarse a una casa en la Bajada del 14.
Luisa Carlota era de por sí una niña muy traviesa y no por ello  colmada de amor paternal.  De sus travesuras no escaparon Florinda Barazarte y don Carlos Afanador Real, sus profesores de piano y solfeo como los muertos velados en la capilla del Hospital Las Mercedes a donde acompañada de una amiguita penetraba furtivamente y apagaba las velas.  Por traviesa estuvo hospitalizada al caerse de un trapecio.  Sus estudios sufrieron algún retraso por la muerte de su abuelo primero y después la de su hermano Rafael, víctima del tifus que hizo estragos en la Ciudad Bolívar de la primera mitad del siglo veinte.  Al Colegio Santa Teresita de Jesús  no se podía asistir sin el uniforme aunque se estuviese de luto, por lo que las madres preferían que sus hijos perdieran el año.

Cuando murió de tifus su hermano Rafael, ella se hallaba aislada en una casa vecina y al escuchar los gritos de la madre por su hijo muerto se escabulló y en el camino se tropezó con un señor que venía al velatorio y no encontraba la casa.  Venía de Maracay, se llamaba Ramón Grillet (Kico) a quien le sirvió casualmente de guía en medio del dolor.  Con ese señor terminó casándose.  Con él tuvo dos hijos y de él terminó divorciándose por parrandero y enamorado infiel.  Se casó después con su pariente, Joseito Santodomingo,  el segundo amor.  Con él navegó el barco de la felicidad y a bordo sus diez hijos, dos de los cuales perdidos en la estela del tiempo y ella, allí, después de muchos puertos, varada en la Sierra de Santa María de Caripe,  fuerte como un roble de 85 años, señera de varias generaciones sobrevenidas desde de los tiempos de la Guerra Federal, cuando el General Matías Alfaro lideraba llaneros como los de Páez.

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