viernes, 12 de febrero de 2016

LA CIUDAD DE LOS ARBOLES

Con este nombre comenzó a circular un libro del doctor Leandro Aristiguieta, director del Jardín Botánico del Orinoco, que habla de una Ciudad Bolívar intensamente arbórea, contrapuesta a la que a mediados del siglo pasado encontró el explorador alemán Friedrih Gerstcker.
         El explorador germano, Friedrich Gerstacker, en su libro  “Viaje por Venezuela en el año 1868”, escribe lo siguiente sobre la capital bolívarense: “Ciudad Bolívar misma nos da, desde lejos, una impresión demasiado amable, porque falta el verdor entre las casas, faltan árboles o palmeras, tan sólo fuera para señalar la Ciudad meridional. Pelados y tostándose al sol están los edificios y, cuando uno se acerca, se echa de ver en medio de ellos, muy dispersos, una cantidad de bloques de granito de color pardo, que después de un día soleado despiden un calor verdaderamente abrasador incluso en medio de la noche. Tan rocoso es el suelo sobre el que está construida la ciudad, que algunas casas han tenido que ser literalmente cinceladas en las piedras”.
         Cabe deducir entonces, de acuerdo con este testimonio, que Ciudad Bolívar fue fundada sobre un peladero y que así se mantuvo hasta el siglo diecinueve y parte del presente. Por lo que la vegetación de la cual hace gala la Ciudad actual, es muy del siglo veinte, precisamente y por contradicción, un siglo caracterizado por la depredación y la explotación irracional de los recursos naturales renovables.
         El por qué la Ciudad capital era un erial se debía a la falta de agua, por lo menos durante la estación de verano. La misma había  que acarrearla a lomo  de burro o mula desde la orilla del Orinoco y esto era difícil por lo accidentado de la colina donde se asentaba la ciudad. Los citadinos se dan a la tarea de sembrar árboles en el patio de sus casas cuando en 1885 se inaugura él Acueducto. Entonces, el Presidente del Estado, general Miguel Bermúdez Grau decide convertir la Plaza Bolívar en un jardín pues continuaba siendo como lo describe el legionario inglés John Roberto en 1819, un sitio “lleno de escombros y piedras, desluciendo el conjunto de inmuebles que lo rodea”.
         Al efecto, comisiona a los doctores José Tadeo Ochoa y José Felix Armas para adquirir en Las Antillas árboles convenientes para embellecer la plaza y entre éstos traen y plantan: 3 Bálsamo de Perú, de los cuales sólo sobrevive el de la Casa del Congreso de Angostura; uno de Manzana del Diablo, varios Caoba de Santo Domingo así como Cipreses, Higuerones,  Acacia y Lirio Africano. Podríamos afirmar entonces que al comenzar a llegar directamente el agua a las casas, de manera abundante y continua, el citadino se dedicó a poblar de árboles su Ciudad.
         El ingeniero Mario Palazzi me dijo en una oportunidad que la Ciudad experimentó durante un tiempo la fiebre de sembrar árboles traídos de todas partes. Hasta un Boabab fue sembrado en 1910 frente al  Cine Plaza. La simiente la compró como ya lo sabemos su pariente Carlos Palazzi en un vivero de Francia y la mandó a sembrar a través de Rafael Páez y Remigio Páez.
         El libro de Leandro Aristiguieta “La Ciudad  de los árboles”. Impreso en la editorial Senefelder de Puerto Ordaz, ilustrado por Nancy de Chacón y portada de Ira León, consta de 200 páginas y lleva el sello de “Ediciones alsur”. Es un libro de tipo divulgativo y docente, dendrológico, dedicado al estudio de los árboles cultivados y silvestre, existentes en sitios urbanos de Ciudad Bolívar o en sus inmediaciones. Es la primera vez que se escribe un libro de la ciudad Orinoquense en este sentido y de allí su importancia y oportunidad, pues una de las características llamativas de Ciudad Bolívar en la actualidad es su abundosa e impresionante vegetación. Excepto en las construcciones sin patio, muy de los tiempos modernos, difícilmente se ve una casa sin árboles. Cada casa tiene su árbol, muchas veces, de forma exagerada en número y tamaño como es el caso de las que tienen Ceibas o Samanes bien en el patio o en el frente de su calle  o avenida.
         De manera que en general la ciudad es arbórea, enfáticamente en la llamada zona de los antiguos morichales donde es posible ver los ejemplares de mayores dimensiones, belleza y lozanía. Gigantescos aceite, merecures, algarrobos, ceibas, mango, matapalos, bucares, apamates, jobos, samanes, guatacaros, mamones, nísperos, pilones, robles araguaneyes y otros que impresionan por su parte, forma, follaje o floración.
         En el volumen “La Ciudad de los árboles”. Leandro Aristeguieta suministra una información básica sobre los árboles comunes de la ciudad capital, empezando por el Naranjillo, especie rara de reciente introducción, que se multiplica fácilmente por estacas y semillas y que vendría muy bien en parques y jardines. Luego se refiere a las especies de la familia anacadiaceae: ciruelo huesito, jobo, merey que es árbol nativo y el mango, oriundo de la India, pero naturalizado en toda la América tropical.
         De la familia annonaceae se hallan en Ciudad Bolívar en estado silvestre o cultivados el Manirito, Anón Guanábano o Catuche, la Chirimoya, Manirote, Guanábano rebalsero y la fruta de burro.
         Se cultivan en la ciudad varias especies de árboles ornamentales de amapolas de la familia Apaocynaceae al igual que la Retama o cascabel que es un árbol pequeño de follaje permanente, la Rosa de Berbería de grandes flores blancas y el Cojón de verraco que crece silvestre en sitios semipantanosos.
         De la familia Araliaceae solo se consigue el Arbol paraguas que es de reciente introducción, solo cultivado en jardines privados.
         De la familia Bignoniaceae, caracterizados sus miembros porque son leñosos, perennes y de flores llamativas sí que hay varios, empezando por el Araguaney que es árbol nacional y muy cercanos sus parientes el Araguán, también con llamativas flores amarillas, el Apamate, de grandes flores rosado – moradas hasta blanca; el Puy, el Cuerno de cabro o Cacho de venado; el Totumo o tapara, árbol muy útil y popular; el Tulipán africano, Gallito o Caoba de Santo Domingo; el Araguaney de jardín y la Jacaranda de flores llamativas moradas.
         El género  Bixa de la familia Bixaceae tiene dos distinguidos representantes, uno de los cuales se halla en la ciudad y su color casi nunca falta en la mesa.  Tal es el Onoto que en Oriente le dicen Achote y que según el científico Américo Albornoz Martínez, contiene vitamina A.
         De la familia Bombacaceae aparece la corpulenta Ceiba con su gran copa ramificada dando sombra y cobijo a muchos puntos de la ciudad como bien se la dio en tiempos de la colonia a los esclavos en cuarentena la Ceiba de la Trinidad.  Aparece igualmente la Morea en colinas y sitios áridos y pedregosos; el Castaño de globosos frutos con semillas muy sabrosas y el milenario Boabac que Palazzi nos envió de París.
         La familia Boraginaceae  se distingue en Angostura por su noble miembro el Pardillo, pero muy escaso, lo cual no ocurre con el Cautaro, del que hay unos cuantos en los sitios naturales del Jardín  Botánico.  De esa familia son miembros también el Guatacaro y el Nomeolvides, ambos aprovechables para parques y jardines.
         Arboles de resina aromática y medicinal son estos de la familia Burseraceae: Tacamajo, Indio  desnudo y Sasafrás que el angostureño localiza en vegas y sitios pedregosos de la ciudad.
         Y en sitios áridos y xerofiticos de la ciudad, sobresale como especie arbórea el Guamacho, de la familia Cactaceae a la que pertenece asimismo el áfilo cactus, tan bien captado en su poesía por el exquisito romancero Héctor Guillermo Villalobos.
         Disfrazado de Pino se ve aquí, aunque difícilmente, a una australiana que la botánica conoce como Casaurina, mata maderable y resistente, de rápido crecimiento, de talla mayor que el Bototo o Carnestolenda,  perteneciente  éste a la familia Cocholospermaceae.  El Bototo abunda en los sitios naturales de la ciudad.  No así el Bototo de Canaima que recién llega a la capital por la vía del Jardín Botánico.
         Y aunque usted no lo crea, en Ciudad Bolívar hay Mangle, una variedad del Mangle del litoral marino, que nos vino de Puerto Rico.  Se le identifica como Mangle plateado por el color de sus hojas.  Pertenece a la familia Combretaceae al igual que el escaso Ucaro y el Almendrón, común de nuestro medio.
         Hay un árbol popular en esta ciudad que se consigue hasta en la Plaza Bolívar.  Tal el Merecure, frutal autóctono de la familia Chysobalanaceae al igual que el Querebere, el Icaco y el Icaquiuillo, de rebalses y vegas del río padre.
Familia compleja y con numerosos representantes en la flora del país es  la Euphorbiaceae a la cual pertenecen en la ciudad  la Yuca y el Caucho, de gran valor económico; la Yuca de monte, el Tártago o ricino, la Peregrina, el Piñón, la Flor de pascua o Navidad, el Cerezo agrio bordeando lagunas y pantanos; el Jabillo de látex y semillas tóxicas y estas dos plantas semejantes al cactus llamadas Candelabro y Palitroque.   Este último al cual  asemejan las esculturas de Luis Carlos Obregóm.
         De Trinidad nos trajeron hace mucho tiempo la Cereza del Gobernador, especie de la familia Flacourtiaceae al cual pertenece también el Lagunero que es un arbusto de flores cremosas, propio de sitios pantanosos.
         Existe una familia de representantes numerosos en la ciudad.  Tal la Caesalpiniaceae,  a la que pertenecen la Pata de vaca, el gigantesco Algarrobo, el Aceite, de propiedades medicinales; el Guamo, el incorruptible Congrio, la frágil Acacia de siam; el nativo Cañafistolo, tanto el llanero como el apodado “Lluvia de oro” y el Mare – mare o burrero; el Tarantantán, Rosa de la montaña; el Tamarindo, popular no sólo por lo agradable de su fruto sino por su vinculación con la histórica Casa de San Isidro; el resistente Dividive; el exótico Josefino o Acacia roja; la Clavellina que nos recuerda al bachiller Sifontes porque siempre lucía una de sus flores roja o amarilla en el ojal; el vigoroso Don Francisco, el Ebano y el Frijolito.
         Igualmente de numerosos representantes es la familia imosaceae con las especies Guamos, Samán blanco, Caracaro, Samán rebalsero, Cují de jardín, Quiebracho, el Cují negro y el Aromo, apropiado para jardines.
         Asimismo es prolífica la familia Fabaceae Papilonaceae  con sus representantes el Roble, el Bucare, el Paraguayo, el Sarrapio (árbol emblemático de Guayana, de gran valor económico gracias a la Cumarina utilizada para aromar al tabaco); el Cartán, Cascarón, Pilón guayanés, Pilón caraqueño, el llanero y achaparrado Alcornoque, el maderable Drago, el Mata ratón, tan bueno para corrales; el llamativo Gallito Rojo y el Bálsamo del Perú, según nuestra referencia hemerográfica.  El Dr. Leandro Aristiguieta lo señala en su libro como Bálsamo de Tolú.  La lista es más prolongada, pero la falta de espacio nos obliga este límite.  De todas maneras, la intención es dejar constancia de la extensidad e intensidad arbórea de la capital orinoqueña, lo cual ha llevado al Director del Jardín Botánico a dar a luz el libro “La Ciudad de los árboles”, que según su propio autor, Leandro Aristiguieta, es nombre tomado de una frase soltada por el Alcalde de la ciudad en un discurso alusivo a la exuberante vegetación de nuestra capital.


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