lunes, 1 de febrero de 2016

LOS TRIBUNALES

Dr. Francisco D´Enjoy

En tiempos del Doctor D' Enjoy, quien nació el 28 de septiembre de 1846 y vivió más de una centuria, el Orinoco de vez en cuando se metía por los bajos de la ciudad y se podía navegar en curiara por algunas de sus calles, incluyendo la Dalla-Costa, donde estaban los Tribunales.

    La de agosto de 1943 como la de 1892 fue una crecida tan excepcional que tocó el techo de numerosas viviendas y rebasó la primera planta del edificio El Sordo, pero aún así el  Presidente de la Corte Superior de Justicia, Francisco D'Enjoy Rávago, no se inmutaba.  Sabía  que el derecho de los demás cuando es usurpado sigue siendo de los demás y el Orinoco no hacía sino de vez en cuando volver por sus naturales predios que el hombre le fue arrebatando.
Pero D'Enjoy tomaba muy a tiempo sus precauciones para proteger los expedientes del agua desbordada y si ahora el Orinoco se metiera sobreponiéndose a ese dique de concreto armado que le construyó Sucre Figarella, menos podría desvanecer la tinta de los amanuenses porque el Palacio de Justicia siempre ha estado y está  en cota alta.
         Residencia permanente de los Tribunales era el inmueble de la calle Dalla Costa donde actualmente funciona la Escuela  Heres.  Fue adquirido por decreto del Gobernador Luis Godoy, el 10 de enero de 1913.  Luego en año de los cincuenta, debido al estado de deterioro en que se hallaba y mientras se reparaba, fueron reubicados en la Casa del Congreso de Angostura.  De aquí pasaron de nuevo a la calle Dalla-Costa.  Posteriormente al edificio del Banco Guayana en las calle Igualdad y finalmente a su moderno edificio construido por la CVG en antiguos  terrenos de La Cervecería.  Este monumental edificio, único en su tipo en Latinoamérica, es obra de los arquitectos Henrique Hernández, premio nacional de arquitectura, y Ralpermining.  Lástima que este magnífico proyecto que tiene como metáfora al Orinoco, no haya sido ejecutado totalmente, pues le faltan sus fuentes dirigidas a lograr un microclima.
El doctor Francisco D'Enjoy Rávago fue ejemplo impecable de la administración de Justicia.  Jamás le casaron una sentencia.  Expediente suyo muy discutido que llegara a la Corte estaba destinado a sentar jurisprudencia y terminar en la Junta Codificadora.  Su preparación como jurisconsulto era tal que cuidaba del más insignificante error. Un día ordenó rehacer un expediente porque en vez de "el cuerpo del agraviado sangraba abundantemente", decía "el cuerpo del agraviado estaba totalmente bañado de sangre".
El doctor D'Enjoy era hijo de un exiliado cubano que había luchado por la independencia de su país en el siglo pasado y concluyó sus días en Angostura, naturalizado venezolano en tiempos de Guzmán Blanco.
         La vida de la familia no era holgada. Francisco debió trabajar desde temprano, costear sus estudios vendiendo periódicos y sirviendo de monaguillo en la Catedral, por lo que recibía cuatro pesos.  Batallando duro se graduó de bachiller en el Colegio Federal de Varones y posteriormente en Derecho.  Era coetáneo con José Gabriel Machado, padre de la escritora Luz Machado, y José Benigno Rendón, abuelo de Carlos Elías Rendón, quien también llegó a la alta magistratura regional.  El Dr. J. B. Rendón, además de magistrado judicial fue gobernador del Estado Bolívar entre 1936-1938.
En 1901 el doctor D'Enjoy obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia y desde entonces desempeñó cargos judiciales en todos los Tribunales y Fiscalía del Ministerio Público.  Durante seis años ejerció la Presidencia de la Corte Suprema de Ciudad Bolívar y seguidamente hasta los años cuarenta la Presidencia de la Corte Superior del Estado.
         La Presidencia del Colegio de Abogados estuvo en sus manos dos veces y su permanencia  en los estrados de la Justicia se debió no sólo a su talento y capacidad, sino a su condición de apolítico, convencido  que "un juez para serlo de verdad debe llevar el alma libre de prejuicios ideológicos sectarios".
La Corte Suprema de Justicia del Estado llegó a su fin como Tribunal de alzada siendo Presidente el doctor Reinaldo Sánchez Gutiérrez, quien no sólo demostró su excelencia como juez y abogado, sino como mecanógrafo.  Escribía con una velocidad increíble, sin mirar el teclado, al tiempo que podía sostener una conversación.
Después el Juzgado Superior suplantó a la Corte con el doctor Domingo Monserrate, exigente y estricto como su sucesor inmediato el doctor Pastor Ollarves.
Vigilante de la actuación de los Tribunales en calidad de Procurador General era el doctor José Gabriel Machado, quien también ejerció el cargo de Juez del Distrito Heres, Juez de Primera Instancia en lo Penal, Juez Accidental de Hacienda, Defensor Público de Presos, Sindico Municipal y Relator de la Corte.
El doctor Machado al mismo tiempo ejercía las cátedras de Filosofía, Inglés, Derecho Constitucional y Economía Política en el Colegio de Primera Categoría de Guayana. Nació en Guasipati en 1876 y falleció en Caracas en 1971.
Distinto ahora que el estudiante comparativamente dispone de todas las facilidades, graduarse de abogado costaba entonces un mundo y parte de otro, por eso había escasos profesionales del derecho y ello explica porqué numerosos Tribunales, especialmente los de provincia adentro, estaban en manos de jueces no abogados.  En los Tribunales de Ciudad Bolívar se daba, por ejemplo, el caso del doctor Adán Blanco Ledezma que siendo odontólogo, se desempeñaba como Relator de la Corte y el Bachiller Brígido Natura Ricci, como Canciller.  Pero eran hombres capaces, extraordinariamente pulcros, honorables, y con un sentido muy humano de la Justicia.  Es el caso también de Angel del Valle Morales, poeta y cronista de la ciudad, quien ejerció como titular del Juzgado del Distrito Heres.  A él precisamente le tocó admitir la primera mujer que ingresó como empleada de los Tribunales de Ciudad Bolívar.
Carmela Hernández Rodríguez, casada con José Gómez, padres de Rosangel, profesora de música y excelente primer violín de orquesta sinfónica, fue la primera mujer que ingresó como empleada en los Tribunales de Justicia del Estado Bolívar.  El Juez Ángel del Valle Morales la aceptó luego de pensarlo y discutirlo en última instancia.  Influyó mucho el hecho de que Carmela era hija de Enrique Hernández, quien murió siendo Juez del Distrito Simón Rodríguez (El Tigre) después de haberlo sido durante largos años en Ciudad Bolívar.
         La segunda mujer que entró a trabajar en los Tribunales fue María del Valle Pimentel, en el Juzgado Penal, cuando su titular era el doctor Oswaldo Ferro.  Y la primera mujer abogado, la doctora Gloria Casado, quien se graduó en 1949 y fue durante muchos años Juez de Menores teniendo como alter ego en calidad de  Secretario a Alberto (Flaco) Rojas, a quien siempre veíamos en el Club Gallístico, degustando su cerveza casi a los 80 años.
La antigua sede de los Tribunales era la restaurada casa que sirve actualmente de asiento a la Escuela Franisco Antonio Zea, en la calle Dalla-Costa.
Al calor de esa vieja Casa de Justicia creció el Café España, de don Pedro Gascón Mir, frecuentado por abogados para recrear sus incidencias judiciales en el ludrismo de una mesa de dominó.
Un triángulo escaleno formaban los Tribunales,  en la calle Dalla-Costa; el Café España, entre las calles Dalla-Costa y Venezuela; y la Cárcel, entre  la calle Igualdad y el Paseo Orinoco.  Para el reo llegar a los Tribunales bastaban unas pocas zancadas, sin peligro de fugarse a nado por el Orinoco.  Como que era más factible entonces fugarse de las Colonias Penales de El Dorado.
         Carmela recuerda a ocho evadidos de las Colonias que no teniendo que comer en medio de la selva, se sortearon para ver a quien le tocaba someterse al sacrificio de la muerte en beneficio de sus carnes para mitigar el hambre hostigante de la jungla.  Cuatro sobrevivieron.
         Un fin de semana, porque era obligación de los Jueces visitar a sus presos, el Doctor D'Enjoy se fue, asistido de Carmela, a dialogar con los procesados y sentenciados.  De pronto se vio rodeado de los "come muertos" y Carmela casi que se desmaya.
         Muchas escenas macabras sufrió esta la primera mujer amanuense de los Tribunales bolivarenses.  Un día el Juez la fue a buscar a su casa para levantar las víctimas de un accidente de tránsito y al abrir la puerta de uno de los vehículos siniestrados, la cabeza de una mujer que había quedado decapitada por el impacto, cayó a sus pies.
         Los Tribunales en tiempos del Doctor D'Enjoy eran como templos, donde hasta el aire del ambiente que se respiraba insuflaba riguroso comportamiento.  Los administradores de la justicia, severos y circunspectos, no toleraban durante el trabajo tribunalicio, el hambre, el descuido en el vestir, la descortesía ni menos la impuntualidad.        
         Comer en la oficina pública como es frecuente ahora, era una falta de lesa urbanidad que ameritaba sanción.  El Juez Roberto Aveledo se fue al Café España a drenar su disgusto el día en que sorprendió a su amanuenses consumiendo un emparedado de jamón y queso detrás de una puerta al no poder el alguacil Bernardo Guevara que cuidaba la entrada, avisarle a tiempo.  César Bello Dalla-Costa salió en su defensa y Carmela quedó perdonada.
         Las empleadas del Tribunal tenían que ser modelos de pulcritud y decencia en el vestir.  Nada de escotes provocativos como el de una mujer que tuvo que regresar por nueva ropa para poder declarar.  El hablar del empleado tenía que ser depurado, cortez a en la actitud y guardar en lo más inalcanzable de la subconciencia el secreto sumarial.
         La puntualidad no se podía violar y encargado de velar por ella era el Procurador General del Estado.  El doctor Beroes, para garantizarla, estableció la multa de un bolívar por cada minuto de retraso.  Se descontaba del sueldo y estaba destinada a los gastos de papelería y mantenimiento del Tribunal afectado.
El Presidente de la Corte, doctor Reinaldo Sánchez Gutiérrez, dispuso la obligatoriedad del uso del palto tanto a jueces y abogados como a ciudadanos que traspusieran hacia adentro el umbral del Palacio de Justicia.
         Fue en esa ocasión cuando el gordo Natalio Silva, sastre popular que tenía su taller al lado del negocio de Pedro Montes, en la misma cuadra de la sede de los Tribunales, hizo su agosto alquilando paltos de todas las tallas y colores, sólo que no todas las veces la talla y el color venían a tono con el usuario, de tal forma que eran unos cuantos los curiosos que se reunían en las esquinas próximas para disfrutar de los "espantapájaros", de aquellos, por ejemplo, que siendo de talla 40 se veían en la perentoria necesidad de embutirse en un palto talla 30 o viceversa.
         En la actualidad, la disposición Sánchez Gutiérrez, aparte de  Jueces, quedó reducida a los abogados, algunos de los cuales no usan sino chaqueta, como Leonel Jiménez Carupe; otros, como Omar Duque, José Pascuzzzi León Guevara Enet y Ramón Córdoba, visten el flux completo, incluyendo la corbata, mientras que la mayoría anda a lo Andrés Velásquez.


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