miércoles, 6 de enero de 2016

LA MASONERÍA



            Un Capitán de nombre John Ambrose, llegado Angostura comandando “El Hunter” uno de los barcos fletados en Londres por Luis López Méndez para transportar armas y pertrechos fue el iniciador de la primera Logia que tuvoCiudad Bolívar.

En esa Logia llamada La Concordia” se iniciaron el general Tomás Montilla, quien recién había dejado la Gobernación de la provincia de Guayana en manos de Juan Valdez; el capitán José Padilla, oficial de la Escuadra Republicana y un grupo de comerciantes de la plaza, entre ellos, James Hamilton, traductor del Mensaje del Libertador en la instalación del Congreso de Angostura e introductor de la navegación de vapor por el Orinoco.
            En 1818 la LogiaLa Concordia” funcionaba en los bajos de la Casa del Congreso de Angostura y a la misma se supone que asistía el Libertador, pues éste era masón desde agosto de 1810 iniciado en la Logia La Gran Reunión Americana” fundada en Londres por el Generalísimo Francisco de Miranda.
            El Libertador recibió el grado de “compañero” en Francia y ascendió hasta 1823 al grado 33 que es la máxima jerarquía de la masonería, según documentación que se conserva en el Museo de la Masonería de la Gran Logia de Nueva York.
            Existe en Argentina una antigua pintura de la Logia Lautaro de Londres donde aparecen Miranda, Bolívar y San Marín, como Venerable, Orador Fiscal y Secretario, respectivamente.
            Esta de La Concordia” de Angostura estaba entre las primeras logias constituidas en Venezuela. La primera fue en Margarita seguida de La Guaira y Carúpano.
            La Logia Asilo de la Paz Nº 13, la actual, perdura desde octubre de 1854 por iniciativa de José Gabriel Ochoa quien fue su primer Venerable Maestro y luego que “La Concordia” por los avatares de la guerra prácticamente se había extinguido. De ella sólo quedó el homenaje a su memoria una calle larga que cruza todo el Casco Histórico de Ciudad Bolívar.           
            José Gabriel Ochoa, su primer Venerable, hijo de Antonio José Ochoa y María Manuela Urbina, había nacido precisamente en 1818 cuando fue fundada en Angostura, su ciudad natal, la Logia La Concordia.
            Durante su juventud estuvo al lado del Gral. Tomás de Heres, pero se destacó como un gran liberal bajo las bandaras amarillas de Ezequiel Zamora con quien desembarcó en las costas de Coro el 20 de febrero de 1859 llegando a ser Secretario del General Juan Crisóstomo Falcón durante la Guerra Federal.
            Fue diputado provincial, congresante, Gobernador de Guayana en 1872, Ministro de Interior y Justicia, de Relaciones Exteriores y de Crédito Público. Falleció el 17 de febrero de 1876.
            Acompañaron a José Gabriel Ochoa en la fundación da la Logia Asilo de la Paz Nº 13, Simón Melza y Fermín Carreño como Primer y segundo vigilantes, respectivamente; Ramón Serrano en calidad de Orador Fiscal y Francisco Serrano, como Secretario.
            Además de la Asilo de la Paz existen en Guayana la Logia “Pedro Cova”, de Upata; “Dios y Patria”, de Tumeremo; “Dalla Costa”, de El Callao; “Sol de Imataca”, de el Palmar; “Estrella  Guzmán Blanco”, de Ciudad Piar; “Domingo Faustino Sarmiento”, de San Félix; “Diego de Ordaz”, de Puerto Ordaz; “César Obdulio Iriarte”, de Puerto Ordaz; “Estrella del Roraima” de Santa Elena de Uairén y Logia Presidente Raúl Leoni, en instancia, de Guri. Existen además en el Estado tres Logias en situación de irregularidad, vale decir, sin reconocimiento de las potencias Mundiales Regulares.
            Cómo máximos jerarcas de la masonería en el Estado Bolívar, es decir, Grado 33, se hallan activos, José del Valle Silva, Noel Valery, José Yánez Caicedo, en Ciudad Bolívar; Hanz Hauchild, en Puerto Ordaz y Carlos Rodríguez Jiménez, Juan Francisco Girón, Marín Goudet Torres y José Augusto Grillet, en Upata.
            A nivel nacional el doctor Enrique Rosas Nass es el Gran Maestro de Venezuela y el doctor Edito Acevedo, Gran Comendador Grado 33.
            El templo de la Logia Asilo de la Paz siempre ha sido esa vetusta casa de la calle Santa Ana separada del Río por la Placita de la Libertad. En ese templo en cuyo jardín hay una estatua pedestre del Libertador, se observan signos de la vieja tradición que parecen inmortales y que se confunden con todos los orígenes atribuidos a la masonería: las columnas del templo de Salomón, las espadas de Las Cruzadas, los signos del paganismo, el compás, la escuadra y el mandil del albañil. Por allí han pasado militares, guerreros, acaudalados hombre de negocios, benefactores, filántropos, líderes de la libertad y fraternidad.
            Hay allí en la vieja casona de Santa Ana cuya fachada se ve intervenida, alterada por el adefesio de una escalera metálica, que nadie se atreve a eliminar. Hay allí un enorme libro de 25 kilogramos, donde una caligrafía fluida y esmerada habla de la vida de la Logia durante 137 años de existencia que cumple el 24 de octubre, día de Gaceta de Caracas y de las Naciones Unidas. Allí están los padres y abuelos de la masonería guayanesa que sería interminable decir en este reportaje.
            De uno de los muros cuelga un cuadro descomunal ictericiano por el tiempo donde apenas se lee la lista de los fundadores y primeros iniciados. Al final y en lo alto, un largo salón donde predomina el color escarlata, de techo azul, estrellado como un cielo, un estrado al cual se sube por escalones y en el centro un mueblo de madera en forma de Palio o dosel debajo del cual se sienta el Venerable Maestro provisto de collar, sombrero y mazo. A ambos lados las figuras del Sol y de la Luna; hileras de sillas, espadas y otros símbolos de la liturgia masónica.
            Al salón de liturgia se llega internamente por una angosta, zigzaguante, crujiente y empinada escalera de madera que asociamos, en la ocasión de subirla, con la leyenda del “A-Bao-A-Qu” que Jorge Luis Borges relata en el “Libro de los Seres Imaginarios”
            Pensaba al encenderla si a mis talones se habría colocado el A Bao A Qu como suele ocurrir según la creencia desde el primer peldaño de la escalera de caracol de la Torre de Victoria, en Chitor, a los peregrinos que van a probar hasta que punto son seres espiritualmente evolucionados. Sobremanera, la asociación vino porque por ella suben los hombres de la masonería a perfeccionarse moral y espiritualmente para la vida y luego de la muerte lograr un plano superior.
            Viejos tratados sobre la materia revelan que la francmasonería existió desde mucho antes de la era cristiana. Viene posiblemente desde la misma época de los Faraones, por lo que sus raíces estarían en el antiguo Egipto, unos tres mil o cinco mil años atrás.
            En la leyenda del Hiram, el arquitecto fenicio que dirigió los trabajos de construcción del Templo de Salomón, siglo X antes de Cristo, se habla de la división de los obreros en aprendices, compañeros y maestros así como de palabras y signos secretos. Otros buscan el origen de la masonería en los misterios iniciáticos del paganismo, en las corporaciones obreras creadas por legendario rey romano Pompilio Numa, en las sociedades freemasons que prevalecieron en las islas británicas después de la retirada de los romanos, en Las Cruzadas militarmente organizadas para la reconquista de los santos lugares caídos en poder de los musulmanes o en la Orden de los Templarios cuyos acaudalados miembros fueron llevados a la hoguera por Felipe El Hermoso deseoso de aprovecharse de sus riquezas. En fin, el origen de los masones continúa siendo un arcano y de allí que todo dentro del templo se vea desde fuera como envuelto en una atmósfera de misterio.
            Aunque tiene templo y dios, un dios al que ellos llaman Gran Arquitecto, liturgia y un secreto único para reconocerse entre sus grupos de grados, nada tiene de secta o religión. Es en todo caso, una fraternidad filosófica con método para obrar y hacer, nos dijo en cierta oportunidad, el desaparecido abogado y tantas veces Venerable Maestro, César Obdulio Iriarte.
            Por eso se dice que la masonería es el arte de hacer hombres sabios y útiles y para disipar cualquier duda sacan a relucir auténticos ejemplos como el florentino Dante Alighiere, autor de la Divisa Comedia: Montesquieu, autor del Espíritu de las Leyes que echó las bases del moderno parlamento; Francisco de Miranda, precursor de la Independencia americana; Simón Bolívar, Libertador de medio continente; José Garibaldi, unificador de Italia; Jorge Washington, libertador de Norteamérica; los estadista norteamericanos Thomas Wilson y Teodoro Roosvelt; Winston Churchil artífice de la victoria aliada; el mariscal francés Jean Bernadotte, convertido en Rey de Suecia; el héroe argentino José de San Mártin; Domingo Faustino Sarmiento, escritor, pedagogo y estadista argentino y Andrés Bello, paladín de las letras americanas.
            Como en alguna ocasión nos lo dijera el ex – Venerable Maestro José del Valle Silva, maleando el hierro en su tradicional Hereria Alemana de la calle Venezuela, la masonería es y ha sido siempre un instrumento de liberación. Siglo atrás cuando el hombre era tiranizado, hostigado y perseguido, cuando los dictadores promulgaban el concepto errado de que el hombre no podía pensar por sí mismo, vino la hermandad masónica y levantó las banderas de la liberación.
            La Masonería funciona a semejanza de una República. Las Logias están confederadas a un organismo matriz denominado “Gran Logia”, la cual está constituida como un Congreso con dos representantes por cada Logia. Esos representantes o diputados son lo que legislan con capacidad nacional. Ellos, lo mismo que en una República, legislan y resuelven problemas de orden filosófico, orgánico y administrativo. La preside un Gran maestro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario