martes, 5 de enero de 2016

PERRO SECO

Junto con El Temblador y El Zanjon es el barrio más antiguo de Ciudad Bolívar.  Al borde del Orinoco, data desde los tiempos de la colonia y en él estuvo ubicado el primer Matadero de la capital angostureña.

            Los moradores de Perro Seco no saben a ciencia cierta el porqué de ese nombre del que nunca han podido desprenderse.  Pero sabemos de una versión según la cual a finales del siglo dieciocho,  200 años atrás, existía en este lugar una sola vivienda de un señor, moro o judío, flaco y desgarbado, así apodado, en la que también residía un artesano que prestaba servicio a domicilio y, por supuesto, útil a las familias de la ciudad en casos eventuales, por lo que era habitual requerirlo diciéndole al mandadero: ¨busca a fulano en la casa de Perro Seco¨ y Perro Seco se fue quedando tanto la casa como el lugar.
¨Perro¨ porque los españoles llamaban de este modo a quien fuese moro o judío, y  ¨Seco¨ porque era flaco y descarnado este señor que habitaba una vivienda distante donde seguramente había siembra, animales y una curiara para ir al otro lado del río.
            De suerte que si nos apegamos a esta versión de la tradición oral, concluiríamos en que al comienzo Perro Seco fue una mínima vivienda, tal vez dos o más diseminadas, porque, al fin y al cabo así, muy diferente a como ocurre con las invasiones de hoy, se gestaban los barrios cuando el crecimiento demográfico era lento y espaciado.  La propia ciudad de Angostura fue de esta manera en un principio: ocho casas pequeñas y  algunos ranchos  pajizos, los cuales, según el historiador Bartolomé Tavera Acosta,  constituyeron  inicialmente “el aduar de lo que más tarde vino a ser la ciudad principal de nuestro gran río”
            De manera que Perro Seco, junto con El Zanjón y El Temblador, es el barrio más tradicional y antiguo de Ciudad Bolívar.  Nació con esa connotación que el crecimiento urbano sustituyó en la nomenclatura, primero con el nombre de barrio El Poder, por haber servido de bastión a los seguidores de José Tadeo Monagas en la Revolución de los Azules  y, más tarde, barrio Guzmán Blanco, para honrar al caudillo de la Revolución  de abril de 1870 que sepultó a los Azules y vindicó a Juan Bautista Dalla Costa Soublette, gobernante agraviado de la revolución monaguista.
            Perro Seco antaño  comprendía una angosta franja, paralela al Paseo Orinoco, desde el Matadero, primer Matadero que tuvo la ciudad, frente la Planta del Acueducto actual, hasta la calle El Pilar, y a él estuvieron vinculados El Polanco, Las Palmitas y el Pueblito, arrasados por las aguas de la gran crecida de agosto de 1976.
            En 1817, cuando los patriotas tomaron Angostura después de un prolongado sitio militar, la ciudad contaba con los siguientes barrios, o arrabales, como le decían entonces: El Retumbo, en las inmediaciones de lo que es hoy la calle Dalla Costa, El Temblador, donde echó raíces esa gran familia de músicos y versadores que han sido los Tomedes; El Zanjón, lugar de la famosa Casa de Tejas levantada por el general Pancho Contasti Gerardino; la Zapoara, aldea de pescadores sepultada bajo el concreto del Paseo, y Perro Seco que se extendía desde las inmediaciones del Cementerio hasta calle La Tumbazón, nombre este último sustituido en 1856 por el de calle Santa Ana en memoria de la matrona Ana María Méndez de Pulido, quien donó en trance de muerte su casa para el templo de su santa onomástica.
            Los curas párrocos de Santa Ana acabaron con la calle La Tumbazón porque era recaladero de marinos sedientos de amor, pero inmediatamente después comenzó a tomar cuerpo la Ciudad Perdida que también corrió con la misma suerte al quedar sepultada por la gran crecida de agosto de 1943, justo en el sitio donde el Presidente de la República Isaías Medina Angarita hizo levantar el Grupo Escolar Estado Mérida.
            Pero si bien las crecidas periódicas del Orinoco terminaron con numerosos sectores ribereños, jamás pudo con Perro Seco que para una vida mejor aguardó hasta los años sesenta cuando fue alzada la cota protectora del Paseo Orinoco.  Perro Seco desde entonces deja de ser barrio o arrabal.  Ahora es extensión urbana del Casco Histórico de la ciudad capital, por lo menos hasta la calle El Pilar.
            El nombre de Perro Seco lo registra el general Manuel Piar en su Diario de Campaña cuando el 18 de enero de 1817 trató de tomar Angostura defendida por las fuerzas de Nicolás Ceruti.  La zona de Perro Seco fue encomendada al oficial Bartolomé Salom, quien no pudo vencer el  fuego bien servido de los realistas, pero después se desquitaría en la Batalla de Chirica, donde fue reconocido  como coronel efectivo y designado comandante del batallón Barlovento de la guardia de honor del general en jefe Manuel Piar.  También Perro Seco resultó militarmente un punto estratégico importante cuando  los comprometidos con la Revolución de los Azules, desembarcaron por esta costa en el vapor Héroe, desde Soledad, para derrocar al gobierno de Juan Bautista Dalla Costa Soublette, en septiembre de 1869.
            El 17 de junio de  1864, la Asamblea Constituyente del Estado Soberano de Guayana dictó un Decreto dividiendo la región, en función de su administración, en cuatro Departamentos:  Heres, Upata, Alto Orinoco y Bajo Orinoco.  Ciudad Bolívar, capital del Departamento Heres, era uno de sus distritos y estaba subdividida  en tres parroquias: la de Oriente que terminaba en la calle Miscelánea, hoy Dalla Costa, con asiento en Santa Justa; la Central que iba desde La Miscelánea hasta la calle Babilonia con asiento en Catedral, y la Occidental que iba desde la calle Babilonia hasta La Matanza, con asiento en Santa Ana.  Perro Seco pertenecía a la parroquia Santa Ana y en sus inmediaciones estaba La Matanza o sitio donde se sacrificaba el ganado que llegaba en barcazas por los atracaderos del Orinoco  o por la que hoy es calle La Manga, proveniente de los corrales que entonces estaban ubicados en la zona que ocupa hoy el Centro Médico del Seguro Social.
            En julio de 1903, cuando Ciudad Bolívar fue tomada por las fuerzas del gobierno castrista comandadas por el general Juan Vicente Gómez, contra la Revolución Libertadora,  Santa Ana, incluido  Perro Seco, estuvo defendida  por el General Pedro Ducharne, quien no pudo resistir la artillería de la cañonera Miranda, desde la Piedra del Medio, y del vapor de guerra Restaurador, remontando el Orinoco.  Lo mismo le ocurrió a Francisco (Pancho) Contasti Gerardino, defensor de las calles Orinoco y la Alameda y a quien el Concejo Municipal de Heres, en 1964,  levantó una plaza en el propio Perro Seco.
            En julio del año anterior los vapores de guerra Restaurador y Bolívar, comandados por el general Delgado Chalbaud, habían prevenido este suceso al amedrentar a los revolucionarios de la Libertadora disparando 1.300 proyectiles explosivos contra la ciudad, de ellos buena parte impactó contra Perro Seco y el Cementerio.  Perro Seco entonces parecía destinado a vivir en constante zozobra, no sólo por  las guerras intestinas en pos del Poder sino por las periódicas grandes crecidas del Orinoco con su secuela de damnificados y daños materiales.  Las crecidas  de 1927, 1943, 1946, 1961, 1954, 1962, 1967, 1976 y 1981, causaron estragos en Perro Seco.
            Pero numerosos habitantes del lugar,  particularmente quienes tenían su morada muy cerca de las riberas, por estar vinculados a la vida del río, a través de la navegación, la pesca  y la caleta, tenían vivienda de invierno en la parte alta de Soledad.  Existe una anécdota del ex ministro de fronteras Pompeyo Márquez, ilustrativa de la situación:  El no sabía a ciencia cierta de dónde era nativo,  si de Perro Seco o de Soledad.  ¨ Lo que pasa –me contó en cierta ocasión- es que antes el Orinoco no separaba sino que unía y había quien tenía casa a ambos lados por cuestiones de seguridad y comodidad, especialmente cuando el río crecía o se tenía que viajar al centro o pasar ganado.  Es posible que yo haya nacido en Ciudad Bolívar como lo expresó mi mamá cuando fui a sacar la Libreta Militar y que mi papá me haya presentado en Soledad, lo que yo vine a saber circunstancialmente en 1958 cuando al visitar la capital del distrito anzoatiguense, el Prefecto me dijo que había encontrado accidentalmente mi partida de nacimiento ¨
            Perro Seco tenía prácticamente cuatro puertos: Las Palmitas al poniente, seguido hacia el oriente de  El Pueblito, Los Palos de Agua y El Polanco frente a la  calle El Pilar.  En el Pueblito, un pescador de apellido Carvajal tenía una curiara a quien Alejandro Vargas dedicó su popular aguinaldo la Barca de Oro
            La vecindad entre Perro Seco y Santa Ana ha sido siempre muy estrecha y en ello ha contribuido la Parroquia Eclesiástica  que abarca ambos sectores y la cual fue creada en agosto de 1922 por el Presidente del Estado, Vicencio Pérez Soto, a solicitud del Obispo Sixto Sosa.  Desde entonces puede decirse que se hizo tradición - tradición ya perdida  en estos tiempos - hacer un gran sancocho colectivo con las primeras sapoaras capturadas precisamente el 26 de julio, día de Santa Ana. Sancocho muy digno de Heliogábalo en el que no podía faltar la mazorca de maíz tierno que entonces se vendía a locha.  La procesión de la patrona cubría toda la calle Guzmán Blanco desde la plaza Arismendí o de la Libertad, entre la Logia y calle Amazonas, hasta el propio corazón de Perro Seco.
            La otra devoción religiosa de los habitantes de Perro Seco está centrada en la Cruz del Perdón.  Construyó su capilla el maestro de obra José (Soldado) Fernández en la década del 30 por iniciativa de Julia González, lavandera del río y devota de la Cruz.  Todos los años recogía de puerta en puerta para la fiesta  y un día en que el desbordamiento  del río amenazaba con llevarle su casa, formuló la promesa de la Capilla a cambio de librarse de la damnificación como en efecto quedó librada y ¨ un 3 de mayo, entre orquídeas, trinitarias, lirios, ramos de penacho de guzmán, coronillas, resedá, amapolas y berberías fue levantado el altar oloroso e iluminado ¨ escribió la poeta Luz Machado en sus crónicas publicadas en El Nacional en diciembre de 1957.
            Al comienzo la cruz era de fleje y posteriormente fue sustituida por una de madera que halló José Vicente Iriarte (Tamarindo) a su regreso de una de las campañas del batallón Flor del Orinoco, al cual pertenecía y que periódicamente salía a combatir las guerrillas antigomecista como la de Angelito Lanza en Las Chicharras y el Paso del León.
            Tamarindo, después se hizo popular, en el propio barrio de Perro Seco donde tenía su morada, por que había aprendido el arte de componer huesos dislocados, corregía  luxaciones, aliviar escoriaciones con cebo de culebra y rezar a los efectos una que otra oración que él solo sabía. Venía gente de todas partes y de toda clase social a tratarse con Tamarindo.
            Otra tradición que se ha perdido en el barrio es  el cruce del Orinoco los días Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección. Los muchachos, sin ninguna custodia ni protección, se lanzaban en Los Palos de Agua,  Polanco y el Pueblito, a la señal de un juez,  y  atravesaban el ancho del canal  hasta alcanzar la Playa del Degredo para luego regresar a la conquista de los primeros lugares, generalmente recompensados con premios otorgados algunas veces por  la Casa de Jorge Inatty y otras por el Tesoro Escondido, o los negocios de Valladares,  Sambrano o de José Ramón Martínez, este ultimo concejal del Municipio Heres al igual que Alfredo Inaty y José Soto, nacidos el uno en Santa Ana y el otro en Perro Seco.
En algunas de esas competencias llegaron a participar Constantino Maradei Donato, quien llegó a ser Vicario de la Diócesis y Obispo de Lagunillas y Barcelona. Asimismo entre otros ilustres, Jesús Soto,  patrimonio cultural de Francia y Venezuela.
            Pero había en Perro Seco un náufrago en pena que molestaba y asfixiaba a bañistas y nadadores desprevenidos.  Quienes lo han visto y sentido dicen que es peludo y de allí que se ha identificado como el Peludo del Polanco.   Pero esto es parte de la leyenda, aunque Teófilo Hernández, un pariente cercano a los Tomedes que solía bañase  con los Pérez y los Maradei y nadar hasta el Degredo, solía mostrar en el pie derecho la marca que según él le dejó el apretón de El Peludo, cuando intentó atraparlo.  Otros viejos habitantes decían haber sentido en noches de insomnio los chapuzones que se daba El Peludo en la playa del Polanco.
            De Perro Seco salían los mejores nadadores del Orinoco.  De este barrio emergieron César Araya,  Caimán del Orinoco,   Justo Gutiérrez, Cocodrilo del Orinoco y Oscar García, quien ganó la primera prueba de las dos realizadas en septiembre de 1954.  Entonces lo bautizaron, Tiburón del Orinoco, y con ese nombre atendió invitaciones de eventos similares que se organizaron fuera del Estado.
            En febrero del año siguiente se realizó entre Macuto y La Guaira un Marathon de Natación al cual fue invitado el Tiburón del Orinoco, Oscar García, quien ganó contra toldos los pronósticos venciendo al campeón nacional Quintín Longa.
            Los perrosequenses tenían pocos lugares de distracción.  Además de los juegos tradicionales y la natación, muy periódicamente disfrutaban las novilladas del Circo Monedero y las películas del Royal, cine establecido por la empresa Ortiz y Co, en febrero de 1931 con los primeros filmes parlantes llegados a Ciudad Bolívar: Héroes de Ultima Hora y Canción de Amor.  Los otros cines existentes para entonces eran el América, en el Paseo Falcón; el Cine Olimpia en Los Morichales y el Cine San Antonio en el paseo del mismo nombre.
            En los años cuarenta el cine mexicano ya tenía aficionados en Ciudad Bolívar que se desvivían por ver películas como María Candelaria, con dirección y actuación del Indio Fernández; Flor Silvestre, Río Escondido, La Red, también del Indio Fernández, y que hicieron populares los nombres de María Félix, Dolores del Río y Pedro Almendariz.
            La película mexicana Rancho Grande entusiasma a los bolivarenses y hace que Joaquín Echeverría hijo, empresario entonces de espectáculos públicos, contrate a su protagonista Tito Guízar, quien se hallaba en Caracas, para que venga en persona a presentarse en los cines de la ciudad.  El 18 de septiembre de 1941, difícilmente se quedan los bolivarenses en casa. Todos querían ver a Tito Guízar y lo vieron cantando Rancho Grande, un rancho, por supuesto, muy distinto, por lo grande y por lo alegre, a los que entonces poblaban al El Polanco, Las Palmitas, El Pueblito y Perro Seco.  Ahora casi no hay ranchos, el concreto armado y el bloque los ha sustituido y apenas en estado de ruinas quedan algunas viviendas de piedra y barro como la de Carlos Pérez, quien fue Prefecto de Borbón o como las que en un principio, hace dos siglos, se  iniciaron o enseñaron al sector a vivir en comunidad.  Una comunidad que ha dejado de ser barrio y ahora es fundamento reticular de la ciudad, pero sin perder su identidad.  Una Asociación de Vecinos, dividida en sector uno, presidida por Manuel Olivo y la del sector dos, presidida por Nohelia   de Hernàndez, se ocupa de sus problemas y hasta de lo artístico cultural.  Para suplir la falta del Circo Monedero y del Cine Royal,  reapareció Juan Tapara, un teatro de títeres, payasos y zancos, dirigido por Eutimio Arenas.

.  El barrio Perro Seco que ha crecido hasta abarcar parte de la Avenida 5 de Julio, la calle Norte del Cementerio, la calle El Ciruelar, el Paso Arauca y el tramo naciente de La Concordia, además de la avenida Guzmán Blanco, merece una atención más solícita y detenida, especialmente lo requiere el Cementerio que data desde la época de Juan Vicente Cardozo, diputado por Guayana en el Congreso de Angostura y primer Alcalde de la ciudad en 1817.  Allí descansa el prócer como también los restos de ilustres hombres de la nacionalidad, muchos en  monumentos funerarios de extraordinario valor artístico que lamentablemente se derrumban en esa necrópolis de nuestros ancestros que en la actualidad parece un laberinto de tumbas sin orden ni concierto, blanco, para mayor desgracia, del malandraje nocturno indetenible.

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