sábado, 16 de enero de 2016

OFIDIOS PONZOÑOSOS DE GUAYANA

             
         Pero no todos los oficios poseen glándulas productoras de veneno y adicionalmente un órgano para inocularlo a sus víctimas potenciales, los hay inofensivos desde ese punto de vista y que llegan, incluso a devorar a las serpientes ponzoñosas. Tal es el caso de La Tigra, muy rápida, ágil y brillante. Mide un metro cuarenta y su plato favorito son las ponzoñosas mapanare y cascabel
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         De manera que tales reptiles ponzoñosos, también corren el riesgo de ser víctimas. Víctimas de sus semejantes ofidiófagos como igualmente de las aves serpentarias que los devoran como plato exquisito, y del hombre mismo que tiene en ellos un enemigo mortal desde los mismos tiempos de Adán y Eva arrojados del Paraíso por su culpa.
         Pero si bien los ofidios ponzoñosos aguardan al hombre cuando invade su hábitat, también el hombre por saberlo, anda alerta, aunque muchas veces se descuida. Se descuida hasta el punto de que en Venezuela se cuentan hasta diez mil afectados en un año, sin incluir los casos que no llegan al médico por que los tratan los chamanes o se quedan hundidos para siempre en el sopor deletéreo.
         Como se ve, la mortalidad es alta. De esa cifra, el 10 por ciento degenera en accidentes graves, pero sólo la cuarta parte de ese diez por ciento muere. Pueden darse casos de insuficiencia renal, sangramiento, coagulación severa o paro respiratorio. Los casos benignos dependen del tipo de ofidio.
         Estas son las cifras que manejaba el doctor Eduardo Jahn M. en su cátedra de medicina tropical de la Escuela de Medicina del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente. La dosis letal tiene que ver con el tipo de ofidio. En el caso de la serpiente cascabel, por ejemplo, bastaría 35 miligramos para matar a una persona y 12 en el caso de la coral.
         La persona mordida por una serpiente ponzoñosa es salvable si de trata debidamente. Ahora bien, corre riesgo con ciertos remedios caseros o específicos como el Pessoa, producto brasileño, nada científico, a base de vegetales o como aquella “Vioformina” de de principios de siglo que hasta unos versos le dedicaron los cantores angostureños: “Salve prodigiosa Vioformina / reina de los bosques / pues eres la heroína / que a todos salva / y ante ti la serpiente / no silva, calla / y basta solo tu nombre para ahuyentarla”.
         Desde tiempos de la Vioformina hasta hoy es evidente que la ciencia de la medicina ha avanzado en el tratamiento de personas atacadas por serpientes ponzoñosas. Ello se debe, según el doctor Eduardo Jhan, al específico hecho con el suero extraído del caballo bastante rico en antioxinas, tal la yegua preñada, a la cual se le inocula gradualmente el veneno ofídico. Es decir, se le va inoculando una dosis cada vez más alta y cuando se contasta que con una dosis elevada el  animal no muere porque ha producido suficientes y efectivos anticuerpos, se procede entonces a extraer esos anticuerpos del plasma de la sangre que es lo que utiliza el médico para tratar a las personas afectadas.
         En Venezuela se han clasificado hasta ahora 278 serpientes, de las cuales 32 especies son ponzoñosas. Las más conocidas son la Cuaima piña y la Mapanare, en la región selvática y, la cascabel, en la sabana. La coral también muy conocida, se halla indistintamente en el bosque como en la sabana y acusa la particularidad de que sólo muerde si es molestada.
         En Guayana se ubica el 78 por ciento de todos los ofidios existentes en Venezuela. A juicio del doctor Jahn, es una tasa altamente impresionante. Los ofidios de Guayana conocidos (ponzoñosos y no ponzoñosos) son: la Tragavenado que es una constrictor, la Culebra de Agua, la Cazadora, la Mapanare, la Cascabel (tres tipos), la Cuaima piña, la Rabo amarillo, la Morrona, la Macagua fría y la Coral (tres tipos)
         Los ofidios ponzoñosos viven de manera endémica, es decir, en una zona determinada, según la especie y se alimentan de animales de sangre caliente como la ardilla y las ratas de monte. Son noctámbulos. De día es difícil verlos. Tienen un olfato muy desarrollado; en cambio, su vista es deficiente. Entre los ojos y la nariz dos agujeros termorreceptores que les permite saber a una distancia de 12 metros si un objeto es frío o caliente. El olfato lo tienen en la lengua, la cual sacan para olfatear, especialmente de noche cuando están en la caza de cualquier rata de monte.
         Y aunque usted no lo crea, existen serpientes trepadoras, vale decir, las que raptándose por el tronco se enroscan en las ramas de los árboles para atacar o hacerse de su presa. Tal es el caso de la Philodrya viridissimus, mejor conocida en criollo como “La Lora”. Esta serpiente es cerdosa con pequeñas manchas amarillas. Prefiere las ramas de los árboles por su vianda favorita que son los pájaros y los huevos depositados por las aves en sus nidos. En cambio, la Cuaima-piña es terrestre, vive en la selva y es, a decir de los estudiosos, la más que se conoce. Su color es asalmonado con manchas negras. Mide entre dos y cuatro metros y medio y sus mordeduras desencadenan, lo mismo que la cascabel y mapanare juntos, trastornos neurológicos y sangramiento. Se localiza en los estados Bolívar, Delta Amacuro y Amazonas. En los estados Monagas y Apure, su enemigo implacable el hombre, las ha exterminado.
         La culebra cascabel del estado Bolívar tiene una particularidad que le diferencia de sus homólogas de otras regiones y es que su veneno causa insuficiencia renal aguda, cin compromiso hemorráico. Aquí en este estado de la Guayana, las incidencias por mordedura de serpientes ponzoñosas apuntan hacia la cascabel en primer lugar, luego le sigue la Cuaima piña y de tercera está la Mapanare.
         Al doctor Eduardo Jhan, quien conoció todas las serpientes del país por haberlas tenido en el Bioterio de la Escuela de Medicina de la UDO, lo que le interesó con relación a los ofidios, es la parte médica. En consecuencia, sus estudios en esta materia estuvieon afincados en el veneno de los ofidios, especialmente en el de la cascabel de la parte acá del Orinoco, por causar su mordedura insuficiencia renal, lo cual no se ve en casos relacionados con la cascabel de otras partes de Venezuela, donde los accidentes están subrayados por sangramiento. Es una realidad curiosa que lo llevó a detenerse en el estudio a fondo de esta sustancia que pone en peligro al sistema renal.
         Relativamente, en la actualidad, las mordeduras de serpientes ponzoñosas no son un problema insoluble, por supuesto, si se atienden con los recursos de la ciencia médica. El doctor Jhan, por ejemplo, tuvo casos muy graves de niños y de sangramientos con abortos, resueltos favorablemente.
         En Venezuela existe una sola especie de cascabel y 4 subespecies. Pero en los Estados Unidos se cuentan 32 especies de cascabel y su mordedura produce los mismos efectos de la Mapanare en Venezuela.
         Esta materia de los ofidios comenzó a dictarla el doctor Jahn en 1975. Es una parte de la Medicina Tropical que se dicta en la Escuela de Medicina. Pero dejó de dictarla cuando fue jubilado y dejó en su lugar a la doctora Milagros Silva de Arrioja, a quien preparó para que los sustituyera.
         A él lo jubilaron en diciembre de 1993 cuando cumplió 34 años como profesor de varias materias de medicina, entre ellas las que corresponden a la medicina tropical. Lo jubiló la Escuela de Medicina, no sin embargo al mismo tiempo, el Hospital Universitario Ruiz y Páez, donde continuó, dependiendo del Ministerio de Sanidad, dándole ciencia clínica a patrullas de estudiantes.
         Pero si bien la Escuela de Medicina lo jubiló en el 93, se vio obligada a contratarlo al año siguiente para que impartiese Historia de la Medicina, una materia que toda la vida le fascinó hasta el punto de ser admitido como miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la Medicina, en 1980.
         Su aporte más importante en esta materia de la medicina tropical fue el estudio sobre esa sustancia que produce la insuficiencia renal y luego, que por su intermedio se descubrió en Guayana una nueva subespecie de cascabel. La  descubrió el doctor S. Montilla, ocupado en la clasificación de ofidios, lo cual es una especialidad dentro de la ofidiología.
         Escribió tres libros que permanecen inéditos: la Evolución del Hombre en Guayana que finaliza con 416 microbiografías, prologado por el doctor Ricardo Archiva, antes de morir: Intoxicaciones por plantas y animales ponzoñosos, prologado por el doctor Enrique Tejera Paris, también antes de morir y, finalmente, la Historia de la Medicina en Guayana.
         El doctor Eduardo Jahn estaba emparentado con los Liccioni de Guayana por línea materna y por la paterna con el ingeniero y naturalista venezolano Alfredo Jahn, quien visitó a Guayana en 1897 para escribir su libro “Hidrografía del Orinoco y Río Negro”. También publicó Las Palmas de la Flora Venezolana, Aspectos Físicos de Venezuela y Esbozo Geológico de Venezuela.
         El doctor Eduardo Jahn es autor del proyecto de un Museo de ciencias para Ciudad Bolívar, presentado en agosto de 1975, a la Comisión Organizadora designada para tal fin por el Gobernador Manuel Garrido Mendoza y de la cual era él Secretario Ejecutivo. Por adelantado el doctor Jahn puso a disposición del museo su colección arqueológica y un importante material biológico de su propiedad.
         Este Museo arrancó muy bien con el apoyo total del Gobierno Regional que adquirió para el mismo los antiguos terrenos de la Cervecería de Ciudad Bolívar y se contrató al arquitecto Tomas Sanabria para el proyecto del edificio, el cual resultó irrealizable por lo ambicioso.
         Lo cierto es que los gobernadores que sucedieron a Garrido Mendoza no han querido continuar la ejecución del Proyecto y una partida que se supone existe en la Ley de Presupuesto la estaría percibiendo el Museo de Ciencias de Caracas.


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